Cómo Evitar el Maltrato Emocional en los Niños

Nadie conoce el número de estas víctimas. Pero entre los especialistas en salud mental hay cada vez más conciencia de que un menor sin atención ni afecto puede presentar más daños que el que ha sido golpeado.

Una mañana, cuando salía del gimnasio, alcancé a oír a una madre que regañaba a su hija porque esta se negaba a meter la cara en el agua, durante la clase de natación.

—Eres una mocosa cobarde —le decía a la niña, de no más de tres años, que lloraba—. Es lo mismo cada semana. Siempre nos avergüenzas a tu papá y a mí. A veces no puedo creer que seas mi hija.

Aunque el estómago se me revolvió de ira por aquellas expresiones contra la niña, no dije una palabra. Después de todo, pensé, la mujer me diría que el asunto no me concernía. Pero bien sabía yo que aquello era en muchos aspectos tan funesto como una brutal golpiza. Era maltrato emocional infantil.

maltrato emocional, niñosLa doctora Elizabeth Watkins, jefa de la sala pediátrica de ingreso del Centro Hospitalario Saint LukeRoosevelt en la Ciudad de Nueva York, opina: “Los golpes no están por fuera, así que no existen estadísticas acerca del número de víctimas, pero todo el que trabaja con niños sabe que el problema está muy extendido”.

Byron Egeland, psicólogo de la Universidad de Minnesota que ha dirigido amplios estudios sobre la paternidad y el desarrollo durante la temprana infancia, afirma que los efectos del maltrato emocional de los niños pueden ser al menos tan devastadores como los del maltrato físico. Las investigaciones llevadas a cabo con sus colegas indican que los niños víctimas del maltrato emocional sufren con el tiempo un deterioro aún mayor en su desarrollo físico y mental que los niños maltratados físicamente.

Esto se debe a que, según las autoridades en desarrollo infantil, el maltrato emocional entraña nada menos que la destrucción sistemática de la autoestima del niño. Aquí, la palabra clave es “sistemática”.

La madre a la que oí empleaba términos indicadores de un lamentable patrón: “Es lo mismo cada semana. Siempre nos avergüenzas a tu papá y a mí… no puedo creer que seas mi hija”. Estas no eran simplemente las frases de una madre molesta porque ha tenido un mal día, sino las de una mujer que se ha habituado a atacar a su pequeña.

Los maltratos emocionales no se originan en la mala conducta de la criatura, sino en los problemas psicológicos de los adultos. Ya sea que los padres que maltratan procedan de familias pobres o ricas, se trata por lo común de personas que no recibieron educación ni cariño adecuados de parte de sus progenitores.

Casi todos son incapaces de ver que la conducta de un niño puede no tener relación con algo que los padres hayan hecho o dejado de hacer. Un padre abusivo puede sentir, por ejemplo, que una criatura llora, no como expresión de hambre o miedo, sino porque el bebé es “malo” o “quiere sacarme de quicio”.

El doctor Jay Lefer, psiquiatra de Nueva York y ex director del boletín de la Sociedad de Psiquiatría para Jóvenes, se refiere a las cuatro “D” del maltrato emocional: desapego, distanciamiento, desprecio y dominación. Los padres abusivos pueden recurrir a una o a las cuatro de ellas para que afloren sus propios conflictos psicológicos y no enfrentar las presiones.reales de la crianza de los niños.

Desapego y distanciamiento. Cuando Sally, de cinco años, se fracturó un brazo en un accidente en el jardín de niños, su maestra no lo supo hasta que la vio llorando calladamente en un rincón. En el hospital, donde la maestra se encontró con la madre de Sally, la niñita no se dirigió a su madre buscando consuelo. “Más que abrazar a la niña, lo primero que hizo la señora fue buscar una máquina expendedora de café. Me di cuenta de por qué Sally no me dijo que se había herido. Estaba acostumbrada a que la ignoraran”, comentó la maestra.

Los padres psicológicamente inaccesibles rara vez acarician a un bebé que llora o manifiestan mayor interés en el desarrollo de la criatura.

Como resultado de ello, sus hijos no desarrollan lo que los psicólogos llaman un vínculo seguro con sus padres. Cuando un niño que sí tiene este vínculo necesita consuelo, sabe que puede obtenerlo de sus padres y. con el tiempo, de otros adultos que lo cuiden. “Un niño maltratado físicamente rehuirá a quien lo cuida por miedo de ser golpeado”, dice el doctor Egeland. “Un niño maltratado emocionalmente hace lo mismo para evitar la frustración de no ser aceptado.

”La inaccesibilidad de los padres es demoledora, pues el pequeño no obtiene ninguna de las recompensas emocionales acostumbradas por su curiosidad, su crecimiento o sus logros”, continúa el psicólogo. “Imagine la reacción de un padre normal cuando el hijo da su primer paso: es una celebración, un motivo de alabanza y emoción. Pero en un hogar donde la inaccesibilidad emocional es la norma, el acontecimiento pasa inadvertido. Si acaso el padre lo nota, es con ira. Después de todo, un niño que ya camina solamente requiere de una supervisión más estrecha y mayor atención”.

Desprecio. En algunos hogares, padre y madre “trabajan en equipo” para despreciar a un hijo, usando un flujo continuo de injurias verbales que invalidan los logros de la criatura y amplifican fuera de toda proporción cualquier muestra de mal comportamiento; en otros hogares uno de los padres es el que maltrata activamente y el otro es un cómplice pasivo.

Las palabras como “siempre” y “nunca”, que implican que el niño invariablemente acaba con las esperanzas de sus padres, son la clave para distinguir a los padres consistentemente abusivos de los que critican ocasionalmente con enojo o frustración.

Sara, una programadora de computadoras de 26 años, que reconoce no haber disfrutado nunca de una relación satisfactoria con un hombre, tuvo un padre que constantemente minaba su amor propio. Recuerda, con voz temblorosa: “Había una cancioncilla que él solía repetir por lo menos 12 veces al día. Barros y gordura, barros y gordura, nunca tendrá novio esta criatura. Hasta la fecha encuentro prácticamente imposible creer a un hombre cuando me hace un halago. Todavía escucho la voz de mi padre”.

Entre las familias de clase media que aspiran a mucho, una forma común de maltrato emocional consiste en denigrar cualquier logro que no llega a la perfección, como cuando se castiga a un niño por obtener una calificación regular en lugar de una buena. Jeree Pawl, directora del Programa de Padres e Hijos en el Hospital General de San Francisco, observa que los padres “perfeccionistas” alimentan esperanzas irracionales, y agrega: “Tienen ideas completamente equivocadas del tiempo que le debe tomar a un bebé o a un párvulo aprender a usar el baño o mantenerse callado. De modo que el comportamiento normal es visto como deficiencia por parte del niño y un fracaso por parte del padre”.

En un reciente vuelojde varias horas vi un ejemplo de esta clase de conducta cuando me senté, pasillo de por medio, junto a una joven pareja que viajaba con un bebé de un año. El servicio de la tripulación era más lento que de costumbre, y la azafata no había calentado el biberón de la criatura a tiempo para su comida.

El bebé, como era de esperarse, empezó a llorar, y el padre ni quiso tomarlo en brazos mientras la madre iba a buscar a la azafata, ni buscar el biberón él mismo.

—Ese niño es incapaz de esperar cinco segundos —dijo el padre (al parecer, se le olvidaban las quejas en voz alta de los pasajeros adultos por lo tarde que les servían sus alimentos )—. Si crees que voy a molestar a la aeromoza porque ese niño está tan consentido, estás loca. Realmente no sé qué le pasa.

Dominación. Tommy, de cuatro años, se estaba recuperando de una amigdalectomía en el pabellón infantil de un hospital cuando las enfermeras notaron que se mostraba excesivamente retraído. No quería hablar con nadie.

Cuando el pediatra de Tommy sugirió a su madre que expusiera la conducta de su hijo con un psicólogo del hospital, se puso furiosa.

—Le he dicho que nunca hable con alguien, niño o adulto, que yo no conozca —explicó—, y no voy a echar a perder su educación sólo porque está en el hospital.

Más tarde, el pediatra se enteró de que en realidad la madre le había dicho al niño que moriría si hablaba con extraños.

Usar amenazas tan extremadas para inhibir la curiosidad natural de un niño es una forma común de maltrato emocional, según la opinión de psicólogos y pediatras. Explica la doctora Watkins: “Nos referimos a la clase de dominador, con la que un padre trata de cotrolar todas las acciones del hijo. En vez de poner una barrera real, como una cerca que le impida al niño salir corriendo a la calle, los padres crean barreras invisibles. Al pequeño se le dice que le ocurrirá algo terrible si sale a explorar y viola las órdenes paternas”.

El doctor Lefer observa que todos los padres tratan de dominar a sus hijos en ciertos aspectos: imponiendo normas de conducta y tratando de inculcarles sus propios valores. “Pero existe una enorme diferencia entre dominar por la educación y el ejemplo y dominar por la crueldad”, afirma. “Los padres abusivos obtienen lo que quieren aterrando al niño para que se pliegue a sus deseos”.

Para algunos adultos jóvenes, la experiencia de haber sido maltratados emocionalmente en su niñez hace que se resuelvan a ser buenos padres. Pero los problemas de muchos hijos de abusivos no afloran hasta que, a su vez, son padres.

La mejor esperanza en esos casos, dicen los especialistas, es la terapia para todos los miembros de la familia. Afirma el doctor Lefer: “Cuando un niño es maltratado emocionalmente, el problema no se puede tratar con éxito aisladamente.’. Cuando el padre o la madre se dan cuenta de que algo anda mal, se presenta la ocasión de ver cómo funciona la familia. Y eso puede traer a otros miembros al proceso terapéutico”.

Viendo más allá de los parientes más cercanos, los especialistas aseguran que el maltrato emocional es favorecido por la resistencia de los demás, incluso amigos y parientes, a hacer frente al maltrato de parte de los progenitores. “Muchos niños que son denigrados sin piedad por sus padres, piensan que lo tienen merecido”, señala la psicóloga Pawl. “El silencio y la pasividad de los demás adultos ayudan a convencer al niño de que él es verdaderamente despreciable, perverso o cobarde”.

Le pregunté a cada uno de los profesionales que entrevisté si había hecho bien quedándome callada cuando oí a aquella madre llamar cobarde a su hija. Todos consideraron que debí haber hablado y decir algo así como “todos tenemos miedo a algunas cosas, y esa no es razón para avergonzarse”.

Le pregunté a una psicóloga si el desafío de otro adulto no podría hacer que la madre tratara a su hija aún con más rudeza. “Es posible”, contestó, “pero al menos la niña habría entendido que no todos los adultos están de acuerdo con su madre. Esto es importante, porque sabemos que a veces los niños son capaces de soportar el maltrato si encuentran a alguien que los haga sentirse dignos y valiosos a pesar de lo que digan sus padres.

”La gente debería meterse en lo que no le importa cuando está amenazada la vida de un niño; y esto se refiere al corazón y a la mente tanto como al cuerpo”.

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