Cuidado con esas Señales Sexuales en el Trabajo

Hoy, más que nunca, reflexione en los riesgos que corre.

Una joven paramédica  y su compañero de trabajo se pasaban los días socorriendo a víctimas de accidentes y otras urgencias médicas. Trabajaban turnos de 12 horas, y compartían la emoción de salvar vidas… así como la frustración de perderlas. Por fin, un día, extenuados, cayeron en brazos uno del otro.

“Compartimos tantas experiencias”, dice la mujer. “Luego pasamos horas enteras hablando y desahogándonos. EI compañero se convierte en una especie de alma gemela. Es difícil que otras personas entiendan esta relación”.

Siempre que hombres y mujeres trabajan juntos surge la atracción sexual, debido precisamente a la cercanía física. Esto ocurre no sólo en ocupaciones llenas de emociones fuertes, sino en cualquier ambiente de trabajo, desde el laboratorio hasta la biblioteca, y desde la estación de policía hasta la imprenta. “El lugar de trabajo es donde hombres y mujeres llegan a conocerse bien”, dice la antropóloga Helen Fisher, de la Universidad Rutgers, autora de Anatomy of Love (“Anatomía del amor”). “Sin embargo, hay profundas barreras y prohibiciones. Eso puede hacer que la atmósfera se vuelva aun más excitante y estimulante”.

Y desconcertante. ¿Qué debe pensar un hombre cuando una colega se inclina sobre su hombro para tocar el teclado de la computadora y le roza la mejilla con el pelo? ¿Cómo debe reaccionar una mujer cuando, al entrar en una sala donde se celebra una reunión, un compañero le recorre las piernas con la mirada? ¿Está prohibido coquetear? ¿Han de evitarse los piropos? ¿Es admisible contar chistes subidos de tono?

acoso sexual, trabajo, señales sexuales, eviteLas respuestas no son claras, si bien muchas compañías están tratando de establecer pautas correctas de comportamiento. “No se trata de hacer leyes que excluyan la sexualidad del centro de trabajo”, dice Aaron Kipnis, director adjunto del Instituto de Relaciones entre los Sexos, de Santa Bárbara, California. “La sexualidad es parte de la identidad de las personas, y es imposible fingir que no existe sólo porque se está trabajando”.

Pero una cosa es reconocer que existen los sentimientos de tipo sexual, y otra muy distinta es dejarse llevar por ellos. Hoy, más que nunca, aprender a controlar la sensualidad en el empleo — con jefes, compañeros y subordinados — puede  ser un factor decisivo para sobrevivir profesionalmente y alcanzar el éxito. He aquí algunos consejos que, al decir de los expertos, evitarán que una situación delicada se convierta en un problema de enormes dimensiones:

Vístase en forma apropiada. La secretaria de 21 años de una agencia de seguros no podía creer que un jefe de departamento se hubiera quejado de sus minifaldas.

— ¿No le parece que ése es problema de él? –se quejó, molesta, con su supervisora.

–No del todo –respondió su jefa–. Como mujer, usted es responsable de las señales que envía, y cuando se pone una minifalda, él mensaje que leen los hombres es: “Mírenme”.

Entonces, ¿deben las mujeres usar blusas de cuello alto y chaquetas gruesas? “De ninguna manera”, dice Susan Webb, autora de Step Forward: Sexual Harassment in the Workplace (“Manifieste su inconformidad: el acoso sexual en el trabajo”). “No es necesario ocultar las formas femeninas. Sin embargo, existe una enorme diferencia entre ser femenina y hacer alarde de sexualidad. Una mujer que se pone faldas cortas o blusas transparentes es como un hombre que usa pantalones ceñidos o camisas desabotonadas. En el trabajo, la indumentaria no debe ser provocativa”.

Tenga cuidado con lo que dice. Cuando el primer contingente de mujeres se integró a un grupo de guardabosques constituido en su totalidad por hombres, éstos no dejaron de decir palabrotas y bromear como siempre lo habían hecho. Algunas mujeres se sintieron ofendidas y presentaron una queja formal. “Cuando el grupo se reúne”, dice Aaron Kipnis, a quien llamaron para resolver la tensión, “resultó qué los hombres no sabían qué gran parre de su vocabulario era ofensivo, y las mujeres acabaron por entender que no existía de parte de ellos la intención de incomodarlas”.

Estos malentendidos son frecuentes. Así como los varones responden con ardor a la ropa que usan las mujeres, éstas reaccionan con fuerza a Io que ellos dicen. “Las mujeres son sumamente sensibles a las señales verbales”, explica Fisher. “Toman muy, en serio las expresiones que los hombres usan casi sin pensar, sobre todo las de tono sexual”.

Muchas veces, sin embargo, las mujeres toleran las groserías para ser “uno más de los muchachos”. Dice la profesora de administración Barbara Gutek, de la Universidad de Arizona, autora de Sex and the Work place (“La sexualidad en el centro de trabajo”): “Hemos aprendido que no está bien emplear un lenguaje que resulte denigrante para ninguna raza, y lo mismo debería regir para el lenguaje que degrada a las mujeres”.

Es especialmente importante evitar los chistes sexuales, así como los comentarios que sean aun remotamente sugerentes. “Es difícil creer que a una la están tomando en serio”, dice Fisher, “cuando le dicen lo bien que le sienta el rojo”.

Esta clase de comentarios parece dar a entender que “las mujeres trabajadoras son, en primer lugar, parejas sexuales en potencia; en segundo, mujeres; en tercero, colegas”, dice Susan Webb. Ni hombres ni mujeres deben hacer en su lugar de trabajo observaciones que tengan una connotación sexual.

Vigile su lenguaje corporal. Los hombres suelen atribuir a casi cualquier conducta más significado sexual que las mujeres, dice el psicólogo Robin Kowalski, de la Universidad de Carolina Occidental, en Carolina del Norte. Según los especialistas en comunicación no verbal, hay más de 25 gestos femeninos que los hombres generalmente consideran provocativos: sacudir el cabello, mirar a un hombre a los ojos, mirar de lado y luego bajar la vista con timidez, sobarse un brazo, sonreír tocar a un hombre, y cruzar y descruzar las piernas varias veces.

Las mujeres, por su parre, se sienten atraídas por ciertos atributos específicamente masculinos. A algunas mujeres les gustan los hombres poderosos”, dice Fisher. “Un hombre bien vestido que tenga una oficina espaciosa y elegante puede despertar el deseo de una mujer”.

Así pues,  ¿qué pueden hacer los colegas de distinto sexo? Sea usted consciente de las señales que está enviando, y de cómo pueden interpretarse. “Diga cuánto ama a su cónyuge”, sugiere Helen Fisher. “Ponga sobre su escritorio fotografías de su esposo y de sus hijos. Si detecta intenciones sexuales, póngales un alto de inmediato”.

Encauce su intensidad. Cierta organizadora de reuniones no había experimentado ese tipo de atracción desde la secundaria. “Todas las noches escogía cuidadosamente lo que iba a ponerme al día siguiente”, confiesa. Aunque detestaba reconocerlo, el objeto de sus pensamientos era su jefe. “Era un hombre inteligente, considerado, buen mozo… y casado. Yo sabía que era un amor imposible, pero la ilusión hacía mis días más gratos”.

Con frecuencia, el coqueteo añade un poco de emoción a un día ordinario. “De vez en cuando es bueno ver a los compañeros de trabajo como seres humanos completos que tienen pensamientos sexuales”, dice la profesora Gutek. Pero en ocasiones los sentimientos son más profundos. De pronto, un hombre y una mujer que han estado trabajando muy duro para cumplir con una fecha de entrega, salvar una vida o lanzar un producto pueden verse bajo una luz distinta.

“Cuando se trabaja intensamente, la adrenalina afecta al organismo entero”, dice Wendy Reid Crisp, directora de la Asociación Nacional de Ejecutivas.  “Empero, esas descargas de adrenalina no siempre son amor. El éxito, en el trabajo se parece más a un estimulante artificial… y en general su efecto dura tanto como el de éste”. Con todo, hay empleados que pierden la cabeza.

¿Por qué? “Porque la gente confunde los distintos tipos “de intimidad”, dice Webb. “Una joven puede ser integrante de un equipo mixto de softball y encariñarse mucho con sus compañeros, pero eso no tiene nada que ver con la sexualidad. La intimidad en el trabajo es también así: se comparte una intensidad, pero no es lo mismo que la intimidad sexual. Los sentimientos que surgen, por fuertes que sean, no son románticos y no deben desembocar en la cama”.

Conozca los riesgos de tener una aventura. Muchas pasiones que se encienden en la candente intensidad del centro de trabajo se apagan al poco tiempo. Las parejas pueden mostrar personalidades totalmente distintas lejos del mundo artificial del trabajo. Un intrépido bombero puede convertirse en un ser sedentario e indolente en casa, lo que hará que su pareja se pregunte: ¿Qué habrá sido lo que le vi?

Y, hoy en día, las aventuras de oficina pueden ser más peligrosas que nunca. “Una aventura puede acabar no sólo con un matrimonio, sino también con una trayectoria profesional”, dice Elizabeth Herron, directora adjunta del Instituto de Relaciones entre los Sexos. Herron informa de un notable aumento en el número de demandas por acoso sexual, incluidas las de empleadas que han sido seducidas y luego abandonadas por algún colega. “Antes, sólo la mujer corría el riesgo de perder su empleo”, dice. “Pero, cada día más, las compañías hacen a los hombres responsables de lo que consideran una grave falta de criterio”.

No rebase ciertos límites. En el ambiente informal, casi universitario, de una compañía de programas de computadoras, uno de los gerentes más populares era un sujeto sociable que solía pasar el brazo por los hombros de su asistente y atraerla hacia él. Al cabo de seis meses, ella se quejó de esa conducta.

“El gerente se quedó atónito”, dice la señora Herron, a quien llamaron para resolver esta dificultad. El hombre creía que estaba siendo un jefe cordial y solidario, pero a su asistente no le gustaba que la tocara el hombre que tenía poder de decisión sobre su futuro. La orientadora les ayudó a encontrar una manera más cómoda de trabajar juntos.

“El acoso sexual entraña todo un espectro de acciones verbales, no verbales y físicas”, dice Susan Webb. “Casi nunca presenta una cara definida”. Los tribunales de Estados Unidos se rigen por el criterio de si una persona razonable consideraría la conducta en cuestión ofensiva u hostil. Como las víctimas de acoso sexual suelen ser mujeres, entonces tendríamos que considerar lo que pensaría una mujer razonable, lo cual puede ser muy distinto de lo que pensaría un hombre. En consecuencia, la regla de oro de tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran no siempre es válida. “En Io que se refiere a la interacción entre los sexos”, dice Bonita Banducci, consultora de California, “es mejor tratar a los demás como a ellos les gustaría que los trataran”.

Antes de contar un chiste de contenido dudoso, pregúntese qué pensarían su madre o su esposa. Si está considerando comprar una tarjera atrevida a un colaborador varón, piense qué dirían su padre o su esposo. Este es, hoy en día, uno de los mejores criterios de ética sexual en el trabajo.

Si usted hace o dice algo que ofenda a un colega, esté consciente de que una simple disculpa puede parecer frívola o hipócrita. Lo mejor es prometer de inmediato que el asunto no se va a repetir… y cumplir la promesa.

“El acoso sexual en el lugar de trabajo afecta a todos los implicados”, dice Webb. “Afecta a la víctima; a su familia; al acosador que puede perder su empleo; a los compañeros de trabajo, que quizá tomen partido  y a la compañía que puede verse obligada a hacer frente no sólo a un litigio, sino a problemas de baja moral y bala productividad”. El centro de trabajo más sano, dice, es aquel en que hombres y mujeres se respetan y aprenden a trabajar como miembros del mismo equipo.

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