Por qué debes dormir bien para ser más exitoso?

Buenas noticias: Los científi­cos han descubierto un gen que le permite a aquellos que lo poseen realizar todo muy bien con sólo seis horas de sueño por noche. Malas noticias: este gen se encuentra en menos del 3 por ciento de las personas. Para el otro 97 por ciento de nosotros, seis horas no bastan.

¿Duerme usted lo suficiente? La mayoría de las personas no. Las investigaciones mues­tran que el adulto promedio necesita de siete – nueve horas cada noche; los adolescentes necesitan de 8,5 a 10 horas. Sin embargo, tres de cada siete norteamericanos de entre 13 a 64 años dicen que durante la semana rara vez o nunca consiguen una buena noche de sueño. (En noticias relacionadas, el estadounidense promedio consume diariamente como un litro de bebidas con cafeína).

La calidad de su sueño afecta signifi­cativamente la calidad de su vida. La evi­dencia que demuestra que dormir bien le hace tener más agudeza mental es abruma­dora; su concentración aumenta, mejora su balance emocional y la creatividad, mejora su rendimiento físico, le hace ser un traba­jador más productivo e incluso le ayuda a evitar el aumento de peso. Ninguna otra cosa ofrece tantos beneficios como el dor­mir lo suficiente.

Mientras usted duerme, su cerebro está increíblemente ocupado. Está realizando un mantenimiento biológico, haciendo que su mente y cuerpo funcionen en óptimas condiciones, preparándolo a usted para el día siguiente. “Es una experiencia común”, dijo una vez John Steinbeck, “que un pro­blema difícil en la noche se resuelve en la mañana después que el comité del sueño ha trabajado en éste”.

Pero todo depende de un factor pre­dominante: irse a dormir a su hora. Para muchos de nosotros, esto está dentro de nuestra capacidad, sin embargo no se cum­ple con la suficiente rigurosidad.

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Micro siestas

Algunas personas se enorgullecen de poder realizar las cosas bien con menos sueño. Pues bien, resulta que muchos de nosotros sí podemos, pero esporádi­camente. En 2008, la Sociedad de Neurociencia encontró que una persona con falta de sueño puede dar realmente resul­tados similares a una persona bien des­cansada. Pero no puede sostenerlo, y por una razón muy específica.

Todos perdemos el enfoque a veces. Pero el cerebro del que le falta el sueño es inca­paz de enfocarse nuevamente tan rápido como el que ha descansado bien. El princi­pal hallazgo del estudio de 2008 fue que “el cerebro de las personas con falta de sueño está trabajando normalmente a veces, pero sufre intermitentemente de algo parecido a apagones”, escribió en el estudio el Dr. Clifford Saper de Harvard. Las personas con falta de sueño tienen periodos de fun­cionamiento cerebral casi normal “interca­lado con caídas severas de la atención y el procesamiento visual. (…) Durante los lap­sos de atención, el cerebro carente de sueño entra en un estado similar al sueño”. Es como si el cuerpo estuviera compensando esa carencia con micro siestas.

Los investigadores descubrieron recien­temente que por cada hora perdida de sueño sin interrupciones, los trabajado­res [de oficina] pasan 12 minutos más por hora en “ciberpereza”, usando tiempo de la compañía para revisar correos electrónicos personales y cosas así. Y los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades estiman que 40,6 millones de trabajadores estadounidenses, es decir el 30 por ciento de la fuerza laboral civil, no tienen el sufi­ciente descanso. Científicos de Harvard estimaron en 2011 que la carencia de sueño le cuesta a las compañías de EE UU $63,2 mil millones de dólares en pérdida de pro­ductividad por año, principalmente debido al “presentismo” (contrario al ausentismo), o sea las personas que se presentan a traba­jar pero tienen desempeño mediocre.

Lo que agrava este efecto es que la gente con falta de sueño no se da cuenta que su rendimiento disminuye. El estudio de 2008 encontró que “periodos de funcionamiento aparentemente normal podrían dar una sensación falsa de aptitud y seguridad”.

Lina investigación reciente en Harvard y Berkeley también ha revelado que un efecto secundario sorprendente de pasar la noche en vela es la euforia a corto plazo. Una noche de insomnio incrementa los niveles de dopamina en el cuerpo. Esta oleada química puede aumentar breve­mente la motivación y el positivismo; sin embargo, alienta el optimismo mal fun­dado, la adicción y el comportamiento impulsivo porque las regiones del cerebro responsables de planear y evaluar decisio­nes simplemente se apagan.

La vía por donde viaja la dopamina es llamada ruta mesolímbica. Algunas inves­tigaciones indican que sobre estimular con frecuencia esta vía al privarse de sueño podría lastimar permanentemente la plasti­cidad neuronal del cerebro (a saber, su habi­lidad para adaptarse a nuevas situaciones). Entre los estudiantes universitarios, por ejemplo, cuatro años de repetida falta de sueño pueden tener consecuencias graves a largo plazo, “desencadenando un ciclo de degeneración neurológica” (Guardian, 9 de octubre, 2012).

La lección que nos deja es sencilla, pero terriblemente difícil: Váyase a la cama cuando usted sabe que debe hacerlo.

Usted debe dormir suficiente

Dios nos diseñó para requerir una cierta cantidad de sueño. ¿Alguna vez ha pen­sado por qué? Dios permanece despierto todas las noches (Isaías 40:28), mien­tras nosotros requerimos varias horas de inconsciencia.

Seguramente Dios tuvo varias razones para crearnos de esta manera. Quizás Él lo usó para ayudar a mantenernos humildes, para recordarnos que, mientras seamos humanos, somos seres limitados. Cierta­mente también es un medio para desarro­llar carácter: tomar decisiones para utili­zar sabiamente nuestras horas despiertos, y ejercer disciplina en nuestra hora de irnos a dormir.

Algunos creen que pueden recuperar el sueño perdido durante el fin de semana. No es verdad. De hecho, dormir hasta tarde los sábados sólo hace que su reloj de sueño se desplace para más tarde, lo que hace aún más difícil despertarse el lunes, de acuerdo con el libro Chronotherapy (Cronoterapia).

¿Así que, qué hacer? Pues bien, son pocos los que tienen la opción de dor­mir hasta tarde, todo el tiempo. Entonces, nuestra verdadera elección viene varias horas antes de eso; antes de acostarse.

Así que obedezca esta ley de la salud, y váyase a dormir a tiempo. Su calidad de vida depende de eso.

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