Los Ricos no Trabajan por el Dinero (2)

Esta historia nos enseñará la importancia de tomar decisiones rápidamente. El truco consiste en ser inteligentes y asumir que no todo lo que ingrese debe ser gastado, sino que una buena parte ha de ser ahorrado e invertido, para que genere renta, flujo de ingresos permanentes.

Un empleo es una solución de corto plazo para un problema a largo plazo (las cuentas al final de mes), hace parte de la esclavitud por el dinero motivado por el miedo y la ignorancia. Trabajar por dinero para comprar ciertas cosas no trae necesariamente la felicidad.

 [box type=”info”]Este es el Segundo Artículo perteneciente a la Serie “Padre Rico, Padre Pobre” de Robert Kiyosaki.[/box]

Lección 1: Los Ricos no trabajan por dinero

 socios comerciales, negocios, finanzas, ricos no trabajan por dinero, padre rico - padre pobre“Papá, ¿puedes decirme cómo hacerme rico?”

Mi padre dejó a un lado el periódico. “¿Por qué quieres hacerte rico, hijo?”

“Porque hoy la mamá de Jimmy apareció conduciendo su nuevo Cadillac, y ellos se fueron a pasar el fin de semana a su casa en la playa. El invitó a tres amigos, pero Mike y yo no fuimos invitados. Y nos dijeron que no nos invitaban porque éramos niños pobres’.”

“¿Ellos dijeron eso?” preguntó mi padre incrédulo.

“Sí, lo dijeron.” Contesté con tono herido.

Papá sacudió su cabeza silenciosamente, empujó sus anteojos sobre el puente de su nariz y volvió a leer el periódico. Me quedé esperando una respuesta.

Después de un prolongado silencio… mi padre bajó el periódico, al fin. Se diría que estaba pensando.

“Bien, hijo”, comenzó lentamente. “Si quieres ser rico, tienes que aprender a hacer dinero.”

“¿Y cómo hago dinero?” pregunté.

“Bueno, usa la cabeza hijo”, respondió sonriendo. Lo que realmente significaba era “eso es todo lo que voy a decirte”, o “no sé la respuesta, no me pongas en aprietos”.

Se forma una sociedad

A la mañana siguiente, le dije a Mike, mi mejor amigo, lo que había dicho mi padre.”Entonces, ¿qué haremos para hacer dinero?” preguntó Mike.

“No lo sé”, dije. “Pero ¿quieres ser mi socio?”

Y así, en la mañana de ese sábado, Mike se convirtió en mi primer socio comercial.

Finalmente, esa tarde, un destello de iluminación atravesó nuestras cabezas. Se trataba de una idea. Mike la obtuvo de un libro de ciencias que había leído.

Durante algunas de las semanas siguientes, Mike y yo recorrimos el vecindario llamando a las puertas y preguntando a nuestros vecinos si podrían guardarnos sus tubos de pasta de dientes. En una caja de cartón de botellas de ketchup, nuestra pila de tubos vacíos de pasta dentífrica comenzó a crecer.

La producción comenzó una semana más tarde, tal como había sido programado. Sobre una mesa alargada, había pequeños cartones de leche del colegio, y la parrilla de la familia con carbones al rojo, irradiaba a máxima temperatura. Los tubos eran de plomo. De manera que luego de quitarles la pintura, los tubos eran colocados en la olla, se derretían hasta que se volvían líquidos, y sosteniendo la olla por sus asas vertíamos el plomo en los cartones de leche, a través de un pequeño agujero. Los cartones estaban llenos de piedra parís. El polvo blanco desparramado era el material, antes de ser mezclado con agua.

“¿Qué están haciendo ustedes, muchachos?” preguntó con una cautelosa sonrisa mi padre pobre acompañado de un amigo.

Con un pequeño martillo, golpeé en el sello que dividía el cubo a la mitad. Cuidadosamente, quité la parte superior del molde de material y una moneda de plomo apareció.

“¡Oh Dios!” dijo mi padre. “Estás acuñando monedas con el plomo.”

Nos pidió que dejáramos todo y nos sentáramos con él en el escalón de acceso a nuestra casa y nos explicó el significado de la palabra “falsificación”.

“¿Quieres decir que es ilegal?” preguntó Mike con un temblor en la voz.

“Sí, es ilegal” dijo con delicadeza. “Pero ustedes, muchachos, han mostrado gran creatividad. No desistan. Si siguen así serán ricos.”

“Estamos haciendo lo que tú me dijiste que hiciera. Vamos a ser ricos”, le dije.

Mi padre se estaba yendo cuando dije eso. “Chicos”, dijo, “sólo son pobres si se rinden.

“Y, ¿cómo es que no eres rico papi?” pregunté.

“Porque yo he elegido ser maestro de escuela. Los maestros de escuela realmente no pensamos en ser ricos. Simplemente nos gusta enseñar. Desearía poder ayudarte, pero la verdad es que yo no sé cómo ganar dinero.”

Hablen con tu papá, Mike.”

Tu padre es diferente Mike. Parece que él está levantando un imperio, y sospecho que en unos años será un hombre muy rico.”

Mi padre se estaba yendo cuando dije eso. “Chicos”, dijo, “sólo son pobres si se rinden.

“Y, ¿cómo es que no eres rico papi?” pregunté.

“Porque yo he elegido ser maestro de escuela. Los maestros de escuela realmente no

pensamos en ser ricos. Simplemente nos gusta enseñar. Desearía poder ayudarte, pero la verdad es que yo no sé cómo ganar dinero.”

Hablen con tu papá, Mike.”

Tu padre es diferente Mike. Parece que él está levantando un imperio, y sospecho que en unos años será un hombre muy rico.”

“OK, aquí está mi oferta. Les enseñaré, pero no lo haré al estilo de un salón de clases. Ustedes trabajan para mí, yo les enseño. Ustedes no trabajan para mí, yo no les enseño, y estoy perdiendo mi tiempo si sólo quieren sentarse y escuchar, como lo hacen en el colegio. Esa es mi oferta. Tómenla, o déjenla.”

“La tomo”, dije.

“La tomo”, dijo Mike.

Las oportunidades van y vienen. Ser capaz de saber cuándo haces decisiones rápidas es una habilidad importante. Ustedes tienen la oportunidad que solicitaron.

Durante tres semanas, Mike y yo nos reportamos a la Sra. Martín y trabajamos nuestras tres horas ganando $0.10 por cada una de ellas.

Mike y yo estábamos trabajando para la Sra. Martín. Aunque tenía 9 años y era la década de los 50, 30 centavos no era demasiado excitante. Los libritos de historietas costaban entonces 10 centavos, así que usualmente yo gastaba mi paga en historietas, y volvía a casa. Para el miércoles de la cuarta semana, estaba listo para renunciar.

“Estoy renunciando”, le dije a Mike en el almuerzo.

Esta vez Mike sonrió.

“¿De qué te ríes?” pregunté con enojo y frustración.

“Papi dijo que esto pasaría. El dijo que nos encontremos cuando estuvieras listo para renunciar”.

¿Qué?” dije indignado. “¿El estuvo esperando a que yo me hartara?”

Esperando mi turno el sábado

El sábado a las 8 de la mañana en punto, yo atravesé la misma desvencijada puerta de la casa de Mike.

“Toma asiento y espera tu turno”, dijo el papá cuando entré. Se dio la vuelta y desapareció dentro de su pequeña oficina cercana a su dormitorio.

Transcurrieron cuarenta y cinco minutos, y yo ya estaba echando vapor. Finalmente, quince minutos más tarde, a las 9 hs. en punto, padre rico salió y sin decir nada, me hizo señas con su mano para que entrara a su deslucida oficina.

“Bueno, usted no está cumpliendo su parte del trato”, “Usted dijo que me enseñaría si yo trabajaba para usted. Bien, lo he hecho.No me ha enseñado nada.

¿Qué?” dije indignado. “¿El estuvo esperando a que yo me hartara?”

El sábado a las 8 de la mañana en punto, yo atravesé la misma desvencijada puerta de la casa de Mike.

Transcurrieron cuarenta y cinco minutos, y yo ya estaba echando vapor

Finalmente, quince minutos más tarde, a las 9 hs. en punto, padre rico salió y sin decir nada, me hizo señas con su mano para que entrara a su deslucida oficina.

“Entiendo que quieres un aumento, o renunciarás”, dijo papá rico

“Bueno, usted no está cumpliendo su parte del trato”

“No está mal”, dijo. “En menos de un mes, ya suenas como la mayoría de mis empleados”.

“¿Cómo?” pregunté. Y continué con mis agravios

Te estoy enseñando”, dijo papá rico

“¿Qué me está enseñando? ¡Nada!” agregué enojado. “Ni siquiera me ha hablado una sola vez desde el momento en que accedí a trabajar para usted por maníes. Diez centavos la hora. ¡Ah! Debería notificar al gobierno sobre usted. Tenemos leyes laborales infantiles, ¿sabe? Mi padre trabaja para el gobierno, ¿sabe?”

“¡¡¡Guau!!! Ahora hablas cómo la mayoría de adultos que trabajó para mi, la cual tuve que despedir o renunciaron”

“¿Cómo sabes que no te he enseñado nada?”,

“¿Acaso enseñar significa hablar o disertar?” me preguntó padre rico.

“Bueno, sí”, repliqué.

“Así es como te enseñan en el colegio’, dijo él sonriendo

“Pero esa no es la forma en que la vida te enseña, y diría que la vida es el mejor de todos los maestros. La mayor parte del tiempo, la vida no te habla. Es como que te va empujando. Cada empujón es la vida diciendo, `despierta; hay algo que quiero que aprendas’“.

Yo no tenía idea acerca de lo que él estaba hablando.

“La vida nos empuja a todos. Algunos se rinden. Otros luchan. Unos pocos aprenden la lección y avanzan. Los empujones de la vida son bienvenidos por ellos. Para estas pocas personas, esto significa que necesitan y desean aprender algo. Ellos aprenden y avanzan. La mayoría abandona, y unos pocos, como tú, luchan”.

“Si tú aprendes esta lección, crecerás como un joven sabio, rico y feliz. Si no lo haces, pasarás la vida culpando a tu trabajo, tu bajo salario o tu jefe por tus problemas. Vivirás la vida esperando ese gran golpe de suerte que resuelva todos tus problemas”.

Papá rico continuó. “Por otra parte, si tú eres la clase de persona que no tiene agallas, te rendirás cada vez que la vida te presione. Si eres esa clase de persona, vivirás toda tu vida apostando sobre seguro, haciendo todo lo correcto, reservándote para alguna ocasión especial que nunca sucederá. Finalmente, te mueres siendo un hombre aburrido. Tendrás una gran cantidad de amigos a quienes realmente les caes bien por haber sido un muchacho que ha trabajado con tanto esfuerzo. Pero la verdad es que, dejaste que la vida te empuje hasta la resignación. Muy dentro de ti, estabas aterrorizado de correr riesgos. Realmente deseabas ganar, pero el miedo de perder era más grande que el entusiasmo por ganar. En lo profundo de tu ser, tú, y sólo tú, sabrás que no te jugaste a ir tras ello. Elegiste apostar sobre seguro”.

“¿Ha estado poniéndome a prueba?”

“Algunos podrán decir eso”, dijo sonriendo. “Yo simplemente diría que te di a probar el sabor de la vida”.

“¿Qué sabor de la vida?” pregunté, aún enojado, pero ahora curioso. Y así mismo, listo para aprender.

“Ustedes, niños, son las primeras personas en solicitarme que les enseñe cómo ganar dinero. Tengo más de 150 empleados, y ni uno solo de ellos me ha preguntado qué es lo que yo sé acerca del dinero. Ellos me han solicitado un empleo y su correspondiente retribución, pero nunca que les enseñe acerca del dinero.

“¿Y cuál es la lección que aprendí al trabajar por sólo 10 centavos la hora?”, pregunté. Que usted es un tacaño y explota a sus trabajadores?”. Padre rico se echó hacia atrás en su silla, riéndose sentidamente. Finalmente, cuando

“Mejor sería que cambiaras tu punto de vista. Termina de culparme, pensando que soy el problema. Si piensas que yo soy el problema, entonces tienes que cambiarme. Si te das cuenta de que tú eres el problema, entonces puedes cambiarte a ti mismo, aprender algo y crecer más sabio. La mayoría de la gente pretende que todo el mundo cambie, excepto ellos mismos. Déjame decirte, es más fácil cambiarse a uno mismo que cambiar a los demás”.

“No entiendo”, dije.

Padre rico repetía una y otra vez este punto de vista, al que yo llamaré Lección 1:

“Las clases media y pobre trabajan por el dinero”.  “Los ricos tienen dinero trabajando para ellos”.  [Retweet]

“¿Listo para aprender?” preguntó papá rico

“Absolutamente” contesté con un gesto.

Yo sé hoy que mi estudio sobre el dinero continuará a lo largo de toda mi vida, simplemente porque cuanto más descubro, encuentro que más necesito aprender. La mayoría de las personas jamás estudian este tema. Van a trabajar, obtienen su cheque, balancean sus cuentas, y eso es todo. Y además de eso, ellos se preguntan por qué tienen problemas financieros. Entonces, creen que el problema se resolverá con más dinero. Pocos se dan cuenta de que el problema es la carencia de educación financiera”.

“¿De manera que mi papá tiene problemas con los impuestos porque no comprende al dinero?” pregunté confundido.

“Verás”, respondió padre rico. “El tema de los impuestos es sólo una pequeña sección de la lección de tener dinero trabajando para ti. Hoy, solamente quiero descubrir si aún tienes la pasión de aprender acerca del dinero. La mayoría no la tiene. Quieren ir al colegio, aprender una profesión, divertirse en el trabajo, y ganar mucho dinero. Un día se despiertan con grandes problemas financieros, y entonces no pueden parar de trabajar. Ese es el precio de saber únicamente cómo trabajar por el dinero, en lugar de estudiar cómo tener dinero trabajando para uno. Entonces, ¿aún conservas tu pasión por aprender?” preguntó.

Asentí.

“Bien”, dijo entonces. “Ahora volvamos al trabajo. Esta vez, no te pagaré nada”.

“¿Cómo?” pregunté con total asombro.

“Ya lo escuchaste. Nada. Trabajarás las mismas tres horas cada sábado, pero esta vez no se te pagarán los 10 centavos por hora. Dijiste que no querías aprender a trabajar por el dinero, de manera que no te pagaré nada”.

“Eso no es justo”, grité. “Usted debe pagar algo”.

“¿Pero y yo qué hago?” pregunté.

Padre rico me dio golpecitos en la cabeza. “Usa esto”, dijo. “Si lo usas bien, pronto me agradecerás por darte una oportunidad, y te volverás un hombre rico”.

Luego de chequear cómo iban las cosas en la tienda, fue al refrigerador de los helados, sacó dos paletas, las pagó, y nos señaló a Mike y a mí.

“Vayamos a dar un paseo, chicos”.

Cruzamos la calle esquivando algunos automóviles, y caminamos a través de una gran extensión de pasto, donde unas personas adultas estaban jugando softball. Nos sentamos en una mesa de picnic apartada, y nos dio los helados.

“¿Cómo van las cosas, niños?”

“O.K.”, dijo Mike.

Yo asentí de acuerdo.

“¿Ya aprendieron algo?” preguntó padre rico.

Mike y yo nos miramos, encogiéndonos de hombros y sacudiendo nuestras cabezas al unísono.

Evitando una de las trampas más grandes de la vida

“Bien, es mejor que ustedes empiecen a pensar, chicos. Están viendo claramente una de las lecciones más grandes de la vida. Si aprenden la lección, disfrutarán de una vida de gran libertad y seguridad. Si no aprenden la lección, acabarán como la Sra. Martín y la mayoría de las personas que están jugando softball aquí en el parque. Ellos trabajan muy duro, por poca plata, colgados de la ilusión de la seguridad de un trabajo, esperando con agrado las tres semanas de vacaciones anuales, y una magra pensión luego de cuarenta y cinco años de trabajo. Si eso los entusiasma, les daré un aumento de 25 centavos por hora”.

“Pero éstas son buenas personas y trabajan mucho. ¿Se divierte usted a costa de ellos?” demandé. Una sonrisa se formó en la cara de papá rico.

Sacudí mi cabeza con un “no”, pero en realidad era así. Veinticinco centavos por hora hubieran sido un gran monto para mí.

“O.K., les pagaré un dólar por hora”, dijo padre rico, con una mueca burlona.

Ahora mi corazón empezaba a correr. Mi cerebro chillaba, “tómalo, tómalo”

Mi pequeño cerebro de 9 años y mi corazón, casi explotaban

Pero en lo profundo de mi ser, yo realmente no quería esos u$s 2 por hora. El había puesto a prueba a miles de almas en su vida. El examinaba almas cada vez que entrevistaba a alguien para un trabajo.

“Bien, que sean u$s 5 por hora”.

La tentación desapareció, y se instaló la calma.

Lentamente, giré a mi izquierda y miré a Mike. El me devolvió la mirada. La parte de mi alma que era débil y necesitada, estaba silenciosa.

“Bien”, dijo padre rico suavemente. “Casi todas las personas tienen un precio. Y ese precio está dado por esas emociones humanas llamadas miedo y ansiedad. Primero, el miedo a quedarse sin dinero nos motiva a trabajar duro, y entonces, una vez que obtenemos nuestro cheque, la ansiedad y el deseo nos llevan a pensar en todas las cosas maravillosas que el dinero puede comprar. Y así, el patrón queda configurado”.

“¿Qué patrón?” pregunté.

“El patrón de levantarse, ir a trabajar, pagar cuentas, levantarse, ir a trabajar, pagar cuentas… Sus vidas estarán entonces guiadas para siempre por dos emociones, el miedo y la ansiedad. Si les ofrecen más dinero, ellos continuarán el ciclo, incrementando también sus gastos. Esto es lo que yo llamo “la Carrera de Ratas”.

“¿Existe otra manera?” preguntó Mike.

“Sí”, dijo padre rico lentamente. “Pero sólo unas pocas personas la encuentran”.

“¿Y cuál es esa manera?” nuevamente Mike preguntó.

“Eso, chicos, es lo que yo espero que ustedes descubran a medida que estudian y trabajan conmigo. Eso es por lo que les retiré toda forma de pago”.

Al darse cuenta de que habíamos asimilado tanto como nos fuera posible lo que él había estado hablando, padre rico dijo: “chicos, yo quiero que eviten esa trampa. Eso es realmente lo que deseo enseñarles. No tan sólo a ser ricos, porque ser ricos no resuelve el problema”.

“¿Ah, no?” pregunté sorprendido.

“No. Déjenme finalizar acerca de esta otra emoción, que es el deseo. Algunos lo llaman ansia o anhelo, pero yo prefiero deseo. Es perfectamente normal desear algo mejor, más lindo, más divertido o excitante. De manera que las personas también trabajan por el dinero a causa de sus deseos. Ellos quieren dinero porque piensan que puede comprar alegrías. Pero las alegrías que el dinero puede comprar son a menudo efímeras, y así pronto vuelven a necesitar más dinero para más alegrías más placer, más confort, más seguridad. Y entonces ellos siguen trabajando, creyendo que el dinero aliviará sus almas afligidas por el miedo y el deseo. Pero el dinero no puede hacer eso”.

“¿Aún la gente rica?” preguntó Mike.

“Incluyendo a la gente rica”, dijo padre rico. “De hecho, la razón de la riqueza de muchas personas no es el deseo, sino el miedo. En realidad ellos creen que el dinero puede eliminar el miedo de no tenerlo o de ser pobre, y por eso amasan toneladas de dinero, para luego descubrir que el miedo empeora. Muchos están emocionalmente desesperados y neuróticos, aunque lucen ricos y tienen más dinero”.

“Entonces, ¿es más feliz un hombre pobre?” pregunté.

“No, no lo creo”, replicó padre rico. “El hecho de evitar el dinero es tan psicótico como ser adicto a él”.

“Las emociones son lo que nos hace humanos. Nos hacen reales.  “¡Guau!” dijo Mike.

Sean sinceros acerca de sus emociones, y úsenlas, junto con su mente, en su propio favor, y no en su contra”.

“¿Puede darme un ejemplo?” pregunté.

“Seguro”, replicó. “Cuando una persona dice, `necesito encontrar un trabajo’, una emoción está tomando el lugar de un pensamiento. El miedo a no tener dinero genera ese pensamiento”.

“¿Entonces qué recomienda usted?” le pregunté.

“Yo quiero enseñarles a adquirir la maestría en el

poder que tiene el dinero. A no temerle. Y eso no se enseña en los colegios. Si ustedes no lo aprenden, se convertirán

en esclavos del dinero”.

Finalmente, todo cobraba sentido

“Las causas principales de la pobreza o de las luchas financieras, son el miedo y la ignorancia; no la economía, ni el gobierno, ni los ricos. Son el miedo y la ignorancia auto-infligidos, los que mantienen a la gente atrapada. Así que, chicos, ustedes vayan al colegio y logren un título universitario. Que yo les enseñaré cómo permanecer fuera de la trampa”.

“¿Cómo se sintieron cuando los tenté con un aumento? ¿Notaron cómo crecían sus deseos?”

Movimos nuestras cabezas asintiendo.

“Al no dejarse llevar por sus emociones, ustedes contuvieron sus reacciones y pudieron pensar. Eso es lo más importante. Siempre tenemos emociones de miedo o ansiedad. De aquí en adelante, es más importante para ustedes utilizar esas emociones para su propio beneficio y a largo plazo, y no simplemente dejar que ellas los manejen controlando sus pensamientos. La mayoría de las personas usan el miedo y la ansiedad en contra de sí mismos. Ese es el comienzo de la ignorancia.

Muchos, a raíz de sus emociones de miedo y deseo, viven sus vidas a la caza de salarios, aumentos, y la seguridad de un empleo, sin cuestionarse realmente a dónde los están conduciendo esos pensamientos altamente emotivos. Es igual que la imagen de un burro tirando de una carreta, mientras el amo hace colgar una zanahoria delante de la nariz del animal. Puede ser que el dueño del burro esté yendo donde quiere, pero el animal está persiguiendo una ilusión. Al día siguiente, sólo habrá para el burro una nueva zanahoria”.

“Lo que intensifica el miedo y el deseo, es la ignorancia. Esa es la razón por la que personas ricas, con grandes cantidades de dinero, a menudo se sienten más temerosas cuanto más ricas se vuelven. El dinero es la zanahoria, la ilusión. Si el burro pudiera ver el cuadro completo, re-pensaría su elección de perseguir la zanahoria”.

Nos explicó que, una vez que una persona cesa de buscar información y conocimiento de sí mismo, se instala la ignorancia. Y esa es una lucha de momento a momento aprender a abrir o cerrar la propia mente.

“Pero, ¿existe alguna respuesta?” preguntó Mike.

“Sí”, dijo padre rico. “Aprender a utilizar las emociones para pensar, y a no pensar con las emociones. Cuando ustedes, chicos, adquirieron el control de sus emociones al aceptar trabajar gratis, allí pensé que había esperanza. Y cuando nuevamente resistieron sus emociones al ser tentados con más dinero, estaban de nuevo aprendiendo a pensar a pesar de estar emocionalmente cargados. Ese es el primer paso”.

“¿Por qué es tan importante ese primer paso?” pregunté.

“Bueno, está en ustedes descubrirlo. Si desean aprender, muchachos, los llevaré al terreno espinoso. Ese lugar que casi todos evitan. Los llevaré a ese lugar al que la mayoría de las personas temen ir. Si ustedes van conmigo, abandonarán la idea de trabajar para conseguir dinero, y en lugar de eso, aprenderán a tener dinero trabajando para ustedes”.

Mientras encaramos el retorno hacia la tienda, papá rico explicó que los ricos realmente “hicieron el dinero”. No trabajaron por él. El continuó explicando que cuando Mike y yo estábamos acuñando monedas de 5 centavos con el plomo, creyendo que estábamos “haciendo dinero”, estuvimos muy cerca de la forma de pensar de los ricos. El problema fue que, hecho por nosotros, eso era ilegal. Era legal que lo hicieran el gobierno o los bancos, pero no nosotros. Nos explicó las formas legales e ilegales de hacer dinero.

Padre rico continuó explicando que los ricos saben que el dinero es una ilusión, exactamente como la zanahoria para el burro. Es sólo por el miedo y los deseos, que la ilusión del dinero es mantenida por millones de personas unidas en el pensamiento de que el dinero es real. El dinero realmente es un invento. Fue nada más por la ilusión de la confianza e ignorancia de las masas que el castillo de naipes permaneció sostenido. “De hecho” agregó, “en muchos sentidos, la zanahoria del burro era más valiosa que el dinero”.

Viendo lo que otros pasan por alto

Al subirse a su pickup, que estaba estacionada afuera de su pequeño mercado, dijo: Sigan trabajando, chicos, pero cuanto antes se olviden de la necesidad de un cheque de pago mensual, más fácil será su vida de adultos.

Continúen utilizando sus cerebros, trabajen gratis, y pronto sus mentes les mostrarán formas de ganar muchísimo más dinero del que yo podría pagarles jamás.

Ustedes verán cosas que el resto de la gente nunca ve. Oportunidades justo frente a sus narices. En el momento en que vean una oportunidad, las seguirán viendo por el resto de sus vidas. Cuando llegue ese momento les enseñaré algo más. Durante dos semanas más, continuamos pensando, hablando y trabajando gratis.

Al final del segundo sábado, estaba nuevamente despidiéndome de la Sra. Martín y observando el stand de las historietas con una mirada nostálgica. Lo más difícil de no cobrar ni siquiera los 30 centavos por sábado, era no tener dinero para comprarme algunas historietas. De repente, mientras la Sra. Martín nos decía adiós, noté algo que ella hacía, y que nunca antes había observado. Es decir, la había visto hacerlo, pero jamás lo había registrado.

Ella estaba cortando en mitades la página frontal de los comics. Guardaba la mitad superior de cada portada, desechando el resto de la revista dentro de una gran caja marrón de cartón prensado. Cuando le pregunté qué hacía con las historietas, me contestó que las arrojaba a la basura. “Las mitades superiores de las portadas se las entrego al distribuidor de libros, a modo de crédito para nuevos ejemplares. El vendrá en una hora”.

Mike y yo, esperamos esa hora. Enseguida el distribuidor llegó, y le pregunté si podríamos tomar los libritos de historietas. El me respondió: “Pueden tenerlos si trabajan para este almacén, y no los revenden”.

Nuestra sociedad fue revivida. La mamá de Mike tenía una habitación vacía en el sótano, que nadie usaba. La limpiamos, y comenzamos a apilar allí cientos de revistas de historietas. Pronto, nuestra biblioteca de comics fue abierta al público.

Contratamos a la hermana menor de Mike, a quien le encantaba estudiar, para ser la cabeza de la biblioteca. Ella cobraba a cada niño 10 centavos la entrada, y el lugar permanecía abierto desde las 2:30 hasta las 4:30 p.m. todos los días después del colegio. Los clientes, niños del vecindario, podían leer tantas revistas como pudieran, en esas dos horas. Era una ganga para ellos, dado que cada comic costaba 10 centavos, y alcanzaban a leer cinco o seis en dos horas.

Mike y yo promediamos los 9,50 dólares por semana, durante un período de tres meses pagamos a su hermanita 1 dólar por semana, y la dejábamos leer gratis las historietas. Las quemábamos cuando se ponían muy andrajosas. Intentamos abrir una sucursal, pero nunca pudimos encontrar alguien tan dedicado como la hermana de Mike, en quien pudiéramos confiar.

A una edad temprana, descubrimos lo difícil que era encontrar buen personal.

Tres meses después de que la biblioteca fuera abierta por primera vez, se suscitó una pelea en el lugar. Algunos camorristas de otro vecindario lograron entrar por la fuerza, y la iniciaron. El padre de Mike sugirió que cerráramos el negocio. Así que nuestra tienda de historietas cerró, y nosotros dejamos de trabajar los sábados en el mini-mercado.

De todos modos, el papá de Mike estaba feliz porque habíamos aprendido bien nuestra primera lección

Al iniciar nuestro propio negocio -la biblioteca de historietas- teníamos el control de nuestras propias finanzas, sin depender de un empleador. Lo mejor fue que nuestro negocio generaba dinero para nosotros, aún cuando no estábamos allí físicamente. Nuestro dinero trabajaba para nosotros.

En lugar de pagarnos dinero, padre rico nos había dado mucho más.

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