Por qué es Bueno ser Optimista

El pensamiento positivo es mucho más que la fe ciega, y su poder para transformar al ser humano es ilimitado. Los optimistas se desenvuelven mejor que los pesimistas en casi todos los ámbitos de la vida; suelen tener más logros y alcanzan mayor éxito social. Además, son menos propensos a deprimirse y a contraer trastornos físicos. “Hay pruebas de que la buena disposición de ánimo fortalece el sistema inmunitario”, dice el profesor de psicología Martin Seligman.

Los psicólogos creen que el optimismo y el pesimismo son hábitos que aprendemos en la infancia, sobre todo de nuestros padres. Cuando usted era niño, si se rompía una tubería y se inundaba la casa, ¿se lamentaba su padre de vivir en semejante “cuchitril”, o decía: “Según el contrato, las instalaciones deben estar en buenas condiciones; le pediré al casero que arregle el desperfecto”?

“El optimismo es una forma habitual de explicarse los reveses de la vida”, señala Seligman. Funciona de la siguiente manera:

optimista, optimismo• El pesimista cree que las cosas malas que le ocurren se deben a circunstancias permanentes (“No aprobé el examen de matemáticas porque estoy negado para los números”), y que las cosas buenas obedecen a circunstancias temporales (“Mi marido me trajo flores porque hoy le fue bien el trabajo”). El optimista, en cambio, atribuye la adversidad a causas temporales (“No aprobé el examen porque no puse suficiente atención”), y las situaciones favorables a causas constantes (“Me trajo flores porque me quiere”).

• El pesimista permite que un disgusto referente a un solo aspecto de su vida se extienda a todos los demás. Por ejemplo, si lo despiden de su empleo, no sólo se sentirá mal por haberse quedado sin trabajo, sino que comenzará a temer que su matrimonio esté en peligro y que sus hijos se le rebelen. El optimista, en cambio, no deja que un revés contamine su vida entera. No tengo trabajo, piensa, pero estoy en armonía con mi mujer, y mis hijos quedaron en el cuadro de honor de la escuela.

• Cuando las cosas salen mal, el pesimista se culpa a sí mismo. Si deja su coche en la calle y al volver lo encuentra chocado, se reprocha el haberlo estacionado “en un lugar estúpido”. El optimista atribuye el percance a la casualidad o busca una nueva manera de abordar el problema: “La próxima vez dejaré el auto donde haya menos tránsito”.

“A los pesimistas, la idea de que todos sus esfuerzos son en vano les impide tratar de mejorar la situación”, dice Seligman. “Así, cuando les ocurre algo malo, se dan por vencidos”.

¿Quiere usted ser más optimista? Afortunadamente, los hábitos aprendidos pueden desarraigarse. Las investigaciones más recientes en la materia demuestran que el optimismo es una habilidad que cualquiera puede dominar. He aquí un programa de cuatro pasos que lo ayudará a pensar manera positiva.

Cuestione sus pensamientos negativos

Supongamos que se le ha hecho tarde para llegar al trabajo. En vez de centrarse (“Nunca llego a tiempo”), procure hacer un juicio objetivo de sí mismo. ¿Cuándo fue la última vez que retrasó? ¿Ayer? No; probablemente resulte que fue hace dos meses. ¿Y se le hizo tarde por quedarse flojeando en la cama? No; tal vez anoche su hijo adolescente le haya dejado el auto sin gasolina, así que tuvo usted que detenerse a cargar el tanque.

Imagínese lo peor que podría ocurrirle, pero también lo mejor: “Me van a despedir… No lo creo; quizá mi jefe está detenido en un embotellamiento y va a llegar aun más tarde que yo”. Después piense en lo que ocurrirá con más probabilidad: su jefe lo reprenderá mientras usted se dirige a hurtadillas a su escritorio; lo hará pasar un momento de vergüenza, pero no será el fin del mundo.

Por último, dé solución al problema. Quédese a trabajar a la hora del almuerzo o salga de casa con un margen de 10 o 15 minutos para demoras imprevistas.

“Atribuya el problema a una mala estrategia, no a un defecto de carácter”, recomienda Seligman. “Así, en vez de sentirse impotente, podrá tomar medidas”.

Ensaye el papel de triunfador

“En los experimentos, los individuos que acometen una empresa esperando tener éxito se desempeñan mejor que los que temen fracasar”, señala el profesor de psicología David Myers. Supongamos que el próximo sábado se casa su sobrina y teme usted romper la dieta en el banquete. Unos días antes, visualícese rechazando los bocadillos grasosos y prefiriendo los de verduras crudas. Así, cuando enfrente el verdadero reto, sus ensayos mentales le habrán dado la confianza y la fuerza de voluntad necesarias para resistir la tentación.

He aquí otro ejemplo: está usted recién divorciada y una amiga suya organiza una cena a la que también invita a un hombre casadero. A usted, su parte pesimista le augura: “No se interesará en ti”. Pero, ¿qué le diría su parte optimista? ¿Que se ponga el vestido negro que sus amigos dicen que le sienta a las mil maravillas? Pues bien, ¡hágalo!

Reconozca sus méritos

Valore sus éxitos pasados y tenga en cuenta las cosas buenas que le ocurren gracias a su propio esfuerzo. Si las fotografías que tomó en sus últimas vacaciones salieron fantásticas, no es porque haya usado una cámara a prueba de tontos, sino porque usted tiene dotes para la composición y la iluminación fotográficas. Si organizó una comida al aire libre que resultó un éxito, no es porque haya hecho buen tiempo, sino gracias a los preparativos que hizo usted y a su talento para amenizar las reuniones.

Y no olvide premiarse. ¿Ha resanado una pared usted solo y ya no fue necesario llamar a un albañil? Pues ahora regálese, por ejemplo, una nueva herramienta eléctrica. Enorgullecerse de sus logros lo hará sentirse: persona valiosa.

Fíjese objetivos

Según el psicólogo C. R. Snyder, “el optimismo no es sólo cuestión de voluntad; también exige hallar medios para alcanzar los fines que se persiguen”. Escoja sus objetivos inteligentemente y cerciórese de que son los que usted quiere. Si su padre soñaba con verlo al frente de la ferretería familiar, pero a usted le gustan más los libros, se sentirá más satisfecho como bibliotecario.

Haga planes específicos. Es menos probable cumplir un proyecto vago como “ayudar a la comunidad”, que uno preciso, como hacer trabajo voluntario una vez a la semana en un comedor de beneficencia. Acometa las grandes empresas por partes para que su enormidad no lo paralice.

“Cada vez que alcance una meta intermedia se dará cuenta de su avance, y esto lo hará sentir rebosante de energía y entusiasmo para dar el siguiente paso”, afirma Snyder. Esto es lo que distingue y da fuerza a la gente optimista.

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