Cómo Dejar de pelear con su Pareja

pareja, reñir, discusion, consejosHay formas inteligentes de atajar las batallas conyugales antes de que comiencen a reñir con su pareja.

De pie junto a la barra de la cocina, el hombre bebe café y se pregunta qué quiere ella de él. De pie junto al fregadero, la mujer siente que la cabeza le estalla de dolor. Ninguno de los dos recuerda cómo pasaron de una conversación para decidir si comprarían o no un refrigerador nuevo a una discusión sobre dinero que desembocó en una pelea a gritos. Cada uno se pregunta en silencio: ¿Por qué no podemos dejar de discutir así?

Esta es una pregunta que casi todas las parejas se hacen en un momento u otro. Las peleas surgen de la nada y van subiendo de tono hasta volverse incontrolables. «Nunca me llevas a ninguna parte», acusa ella. «Si te vistieras bien», responde él, «quizá me darían ganas de salir contigo». A lo que ella replica: «¿Cómo voy a comprar ropa bonita con tu salario?» Y así por el estilo.

Resulta muy fácil caer en pautas de discusiones hirientes, repetitivas y hasta predecibles con las personas a las que amamos. Pero en los años que llevo como orientador matrimonial, he visto que muchas veces las parejas pueden atajar las peleas incluso antes de que empiecen si echan mano de los siguientes «interruptores”. Estas recomendaciones no necesariamente zanjarán los desacuerdos, pero le darán a usted la perspectiva indispensable para crear una relación positiva y enriquecedora.

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  • Intercambien papeles.

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Un profesional de mediana edad estaba convencido de que su mujer era demasiado derrochadora.

–Por más dinero que le dé para los gastos de la casa, jamás te alcanza

–se quejó.

-¿Sabes cuánto cuestan los alimentos hoy en día? — dijo ella–.

¿Por qué no vas tú a hacer las compras la próxima vez?

Treinta minutos en el supermercado bastaron para demostrarle al marido que sus ideas sobre lo que cuesta comer tenían diez años de atraso. El intercambio de papeles puede no resolver por sí solo las disputas, pero sienta las bases para hablar de ellas desde una perspectiva nueva.

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  • Den un giro completo a su conducta habitual.

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«Mi esposo no me escucha», se lamentó una empleada de correos de 36 años. «En ocasiones sale de casa y no me dice a dónde va».

Le propuse que modificara sus reacciones habituales, y viera qué pasaba. «Esta semana, no le pregunte a su esposo a dónde va. Y no se quede esperándolo en su casa. Inscríbase en un club, vaya al cine o visite a una amiga. Si él le pregunta a dónde fue usted, considérele con toda franqueza que necesitaba salir un rato».

Esto no era fácil para ella, pero accedió. A la noche siguiente, besó a su marido en la mejilla, le anunció: «Necesito salir un rato. Hasta luego». Fue al cine y volvió a casa después de medianoche. Al otro día, él salió con sus amigos y, a su regreso se encontró con que su mujer no estaba en casa. Cuando le preguntó a dónde había ido, ella respondió con toda naturalidad: «Estuve fuera. Te amo, pero no voy a pasar siempre pendiente de ti».

EI se sintió herido cuando su esposa le comunicó que iba a pasar el fin de semana con su madre. Al siguiente fin de semana, la invitó a salir por primera vez en un año. Y su relación mejoró poco a poco.

En ocasiones resulta fácil culpar al otro o reñirlo. Y nos parece que, si una dosis baja de esto no funciona, hay que redoblar el ataque. Esto es natural, pero no siempre útil. En vez de ello, trate de dar un giro completo a la conducta que no esté rindiendo buenos frutos. Tal vez quede gratamente sorprendida.

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  • Eviten la confrontación.

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Cuando les pregunto a las parejas qué temas desencadenan conflictos, suelen contestarme: los comentarios poco delicados, las compras costosas, las tareas domésticas pendientes y las relaciones sexuales o la falta de ellas.

«Cuando mi esposo habla de mi peso, me pongo furiosa», reconoce una maestra de 40 años. Y él sabe que cuando ella vuelve a tocar el tema del desorden en el sótano, de seguro va a haber una pelea. Estas «señales de peligro» son indicios de que la pareja se está internando en territorios donde casi puede garantizarse que habrá un altercado.

Si los matrimonios aprenden a identificar los temas «peligrosos», cuando estos surjan tendrán cautela y evitarán la confrontación.

El terapeuta Robert Weiss propone que las parejas convengan en dejar inmediatamente de pelear cuando uno de ellos reconozca una palabra o un tema que constituya una «señal de peligro», y que reanuden la discusión cuando ambos se hayan tranquilizado.

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  • Reconozcan sus momentos malos.

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Las disputas rata vez son accidentales o impredecibles. Mi esposa, por ejemplo, suele buscar pelea antes de la cena o ya entrada la noche, horas en que está más fatigada. Mis peores momentos son cuando me siento abrumado y ella me pide, de improviso, que haga alguna reparación en la casa.

Decidimos identificar las circunstancias habituales de nuestros pleitos, y llegamos a algunos acuerdos. Si Susan está cansada, yo ando con pies de plomo. Si hay alguna tarea especia que ella quiere que yo haga, me lo dice con anticipación y con mucha suavidad.

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  • Tengan sentida del humor.

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Este constituye quizá uno de los medios más efectivos para evitar o desviar una discusión. Puede alterar el clima emocional de un pleito en el que ambos creen tener la razón. Empieza uno a darse cuenta de que el altercado es absurdo… y de que uno también es parte del problema.

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  • Acentúen lo positivo.

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El escritor Tom Peters, especialista en administración, estudió las empresas mejor capitaneadas para descubrir los secretos de su excelencia. Gran parte de sus hallazgos puede aplicarse a las relaciones personales.

Una clave de la excelencia empresarial es reducir al mínimo el conflicto. Las compañías que lo han logrado conocen la importancia de no concentrarse en los problemas. En lugar de dirigir la atención a lo que una persona hizo mal, la dirigen a las cosas que la gente hace bien.

De igual modo, la opinión que una pareja tiene de su matrimonio determina si es una relación centrada en los problemas y los pleitos o si es una relación que alienta el respeto y el amor.

Hace algunos años, un profesor y su esposa estaban a punto de separarse porque les era imposible dejar de pelear. Pero una noche, charlando con viejos amigos, se pusieron a recordar que, de recién casados, se divertían mucho yendo a exposiciones de arte gratuitas y descubriendo restaurantes baratos. Después de esa noche, repitieron algunas de sus primeras experiencias, recuperaron su vieja actitud positiva y poco a poco reconstruyeron su matrimonio.

Cuando los cónyuges se obligan a adoptar un enfoque positivo, los resultados pueden ser asombrosamente gratificantes.

A fin de cuentas, da resultado perdonar. Es frecuente que una pareja me pregunte si puede salvar su relación. Por lo general les respondo: «No, pero pueden construir una nueva». El perdón constituye el punto de partida de ese proceso. Tal vez nos parezca que estamos admitiendo una derrota cuando perdonamos. Pero, por el contrario, el que perdona gana la batalla.

El perdón implica dejar ir el enojo, restablecer el respeto y ofrecer aceptación. Si usted logra encontrar la manera de hacer el regalo del perdón, habrá descubierto el camino que le permita deshacerse del peso que carga. Con las manos y el corazón libres, usted y su cónyuge pueden empezar a construir una relación nueva, más satisfactoria.

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