Los Mejores Regalos para tus Hijos

regalos, hijos, sorpresaCon un poco de imaginación y ganas, usted puede encontrar…

Mi hijo William, de ocho años, se levantó muy temprano aquella Navidad, ansioso de ver lo que había al pie del árbol. Cuando encontró los esquíes pareció un poco decepcionado. No eran lo que más quería en el mundo,  pero yo sabía que, los iba a necesitar en un viaje familiar que íbamos a hacer.

— Gracias — dijo en voz baja.

El tiempo demostró que los esquíes fueron el mejor regalo de su vida. Desde el primer día en las montañas, William se enamoró del deporte. Un instructor lo convenció de que participara en el programa juvenil de competencias del centro vacacional, y durante los diez años siguientes William esquió todos los fines de semana de invierno.

Después le dimos un nuevo par de esquíes, pero el primero ya había rendido beneficios mucho más duraderos que el tren a escala, la bicicleta y el tocadiscos que le obsequiamos posteriormente. Los esquíes le ayudaron a William a desarrollar disciplina y perseverancia. Todas las mañanas de los fines de semana de invierno, a veces con temperaturas bajo cero, el futuro competidor tenía que levantarse a tiempo para llegar a la montaña a las 8. Cuando se caía, se levantaba y volvía a empezar. Además, tuvo que aprender a administrar su tiempo para cumplir con sus deberes escolares y con las sesiones de entrenamiento.

Nunca alcanzó un nivel olímpico, pero hoy, a sus 25 años, es un chico muy trabajador y concentrado, que no tiene miedo al fracaso. A veces me pregunto cómo sería si hubiera recibido otro obsequio aquella Navidad.

A todos nos gustaría dar regalos cuyo valor sobreviviera a los regalos mismos. Algunas veces sabemos que así será, pero otras veces el «valor agregado» es algo que no previmos. Desde luego, cuando los padres escogemos regalos para nuestros hijos, el reto y las satisfacciones son mayores que en ningún otro caso. Queremos darles cosas que amplíen e iluminen su mundo, y que después sean recordadas durante muchos años.

«Un regalo es más que un objeto», observa la experta en desarrollo infantil Barbara Nordhaus. «Es también una expresión de amor e interés. Elegir con cuidado los regalos de los hijos forma parte del papel que les corresponde a los padres como nutridores y formadores».

¿Cómo puede usted escoger regalos que beneficien a su hijo durante muchos años? Tenga presentes estas pautas.

Empiece con cosas sencillas.

Los obsequios no tienen que ser caros o complicados para que su valor perdure. Cuando yo tenía ocho años, me encontré una linterna de bolsillo en la media que colgué de la chimenea en Navidad. Era algo muy simple; uno de esos regalitos que sirven para rellenar las medias. Pero me encantó porque me sirvió para leer de noche en mi cama, bajo las cobijas, sin que mis padres se dieran cuenta. Así adquirí el hábito de la lectura nocturna, y no lo he perdido.

Los obsequios que con más placer recuerda la novelista Joyce Carol Oates fueron los más modestos. Como creció en un lugar donde los inviernos eran muy crudos, recibía «prendas de vestir tejidas o cosidas a mano, como vestidos, juegos de guantes y gorra, suéteres cie la más suave angora. ¡Cuánto esfuerzo representaban aquellos regalos!» Otro obsequio igualmente memorable y sencillo fue su primer libro: Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo, «Me lo dio mi abuela», dice, «y hasta el día de hoy lo tengo en gran estima».

Piense en lo que le interesa a su hijo.

Los padres obsequian balones de futbol a sus hijos, y las madres dan muñecas a sus hijas, porque eso era lo que les gustaba de pequeños. Pero Paquito no es igual a su papá, ni Carmelita es igual a su mamá. “Los padres no deben elegir regalos con la intención de encaminar a sus hijos por una senda planeada de antemano”, señala Barbara Nordhaus. «Los obsequios deben escogerse pensando en el niño, y no en lo que le interesa al padre. Los chicos nos dicen quiénes son, de manera tanto verbal como no verbal». Un padre observador sabe lo que le gusta a su hijo y, por lo tanto, elige bien los regalos que le hace.

Si el suyo desea algo en especial, no se lo niegue de entrada. Mark Huggins, cuando tenía cinco años, le dijo a su madre que quería un violín y ella pensó que se trataba de un capricho de niño. Pero él insistió, y Ellie Huggins por fin cedió. Hoy, 30 años después. Mark es concertino de una orquesta sinfónica.

Motive a su hijo.

Muchas veces, el mejor regalo es aquel que el pequeño aprenderá a usar con el tiempo, y no el que descartará a medida que crezca. Obsequie a su chico de seis años un libro del que pueda leer un poco ahora, y terminar cuando sea mayorcito. Asimismo, escoja juguetes o juegos que requieran cierto esfuerzo para dominarlos.

El padre de Juliana Luz sabía lo que estaba haciendo cuando le regaló a la niña un pequeño telar. Ella era muy inquieta, y no terminaba una actividad cuando ya estaba empezando otra. El telar despertó su creatividad y la obligó a realizar una tarea de principio a fin. También consolidó sus lazos con su familia; durante varios años, sus padres y sus hermanos recibieron carpetitas, bufandas y almohadillas para ollas calientes confeccionadas en aquel querido telar.

Haga surgir intereses latentes.

Ayude a su hijo a explorar a fondo su personalidad y sus intereses. Busque regalos que lo lleven por sendas inesperadas y gratificantes.

Cuando tenía ocho años, a Gerry Knox le regalaron una cámara fotográfica de cajón. «Me abrió los ojos al mundo», dice hoy. «Al asomarme al visor, veía la armonía de las cosas y distinguía Io verdaderamente importante. No fue sólo una cámara lo que recibí, sino el poder de la observación». Knox piensa que esta capacidad le ha resultado muy provechosa en su trayectoria de escritor.

De hecho, los niños quieren y esperan cosas novedosas. El actor Bill Cosby se dio cuenta de esto una Navidad en que él y su esposa, Camille, les regalaron a sus hijos ropa de última moda que a ellos no les gustaba, pero a los chicos sí. Los pequeños se sintieron decepcionados. «Ustedes no deben regalarnos algo que nosotros escogeríamos», protestaron. «Más bien deben sorprendernos con algo que jamás pediríamos, pero que ustedes piensan que deberíamos tener».

Amplíe los horizontes de sus vástagos.

A los hijos mayores, los regalos educativos pueden servirles para afinar su comprensión y su apreciación del mundo. Cuando sus hijos Bill y Bob se graduaron, Dan Wendin les regaló unos pases para recorrer Europa en tren, y los mandó solos. «Así aprendieron a tener iniciativa y a ser independientes», dice Wendin, “y además corrieron algunas aventuras”. Los dos muchachos emprendieron después con éxito carreras en las que han tenido que demostrar iniciativa e ingenio. Bill es ingeniero en computación y Bob es administrador de proyectos.

Cuando sus cuatro hijos llegaron a la mayoría de edad, James Galway, el flautista de fama internacional, le dio a cada uno un instrumento musical distinto: a Stephen un oboe, a Patrick una guitarra, y a las gemelas Charlotte y Jenny una trompeta y una flauta, respectivamente. “Lo que les di fue la capacidad de escuchar y de disfrutar de todo tipo de música”, observa Galway.

Dé algo de usted mismo.

Solemos pensar en los regalos como objetos que se compran en una tienda, pero los mejores quizá sean los tesoros que pasan de una generación a otra: el broche de la abuela, o aquel libro de poesía que tanto le gustaba a mamá cuando era joven. Estos presentes, dice Barbara Nordhaus, brindan un sentido de continuidad, una conciencia de historia familiar, y el mensaje: “Eres muy importante, y aquí tienes un regalo especial para ti”.

Lo más importante de hacer regalos a los hijos es que les enseña uno los valores de la generosidad y a la consideración. La actriz Susan Sullivan recuerda la navidad en la que se enteró de la verdad sobre Santa Claus. “Estaba yo abriendo mis regalos, y dije en todo de reproche:

“– ¡Mamá, todos estos regalos me los dio Santa Claus! ¡No hay ninguno tuyo!

“Ella había pasado varias semanas haciendo compras, y se había quedado levantada la noche anterior envolviendo regalos. Se sentía tan casada que replicó impulsivamente:

“—Todos te los compré yo, Susan. Absolutamente todos.”

“Cuando me repuse de la sorpresa, me di cuenta de lo mucho que había batallado mi madre con tal de hacerme feliz. Ese pensamiento no se apartó de mí en mucho tiempo, ¡mucho más del que duraron aquellos obsequios!”

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