Mi Primer Empleo

primer, empleo, trabajo, primer empleoCinco destacados estadounidenses explican por qué en el primer empleo lo importante no es lo que uno gana, sino lo que aprende.

EL PINTOR DE TANQUES DE AGUA

Tenía yo 16 años cuando viajé de Filadelfia a Los Ángeles, pidiendo en la carretera a los automovilistas que me llevaran gratis. La rutilante ciudad californiana iba a ser el lugar perfecto para pasar el verano. Aunque me hallaba a 1800 kilómetros de mi casa, no conocía a nadie y no tenía dinero. Me sentía muy emocionado. Por fin encontré un empleo: lijar y pintar tanques de agua oxidados, en lo alto de los edificios.

Eran construcciones hasta de 30 pisos, y a veces era necesario subir todavía 15 metros desde el techo para llegar a la mancha de óxido. El primer día estaba soplando el viento; me temblaban las piernas cuando subí la escalera de mano. Era tal mi nerviosismo que no pude hacer bien el trabajo.

Decidido a vencer el miedo, me obligué a fijar la atención sólo en lo oxidado. Me concentré como nunca, y el resultado me asombró. No sólo dejaron de temblarme las piernas, sino que mi labor fue verdaderamente profesional; cuando terminé, no se veía dónde había estado la mancha.

Desde entonces he tratado de hacer todo con esa misma concentración y disciplina, y ello, en mi profesión de actor, me ha beneficiado enormemente. Siempre que me preparo para representar un papel, pongo toda mi atención en el personaje. Trato de pensar como él y de asumir su personalidad en todo momento, no sólo cuando la cámara me está filmando.

En una ocupación tan sencilla como la de lijar y pintar superficies oxidadas, aprendí que para dar Io mejor de uno mismo es primordial concentrarse totalmente y evitar las distracciones. Es sorprendente lo que se logra con esa actitud.

El actor Scott Glenn ha aparecido en las películas The Silence of the Lambs (“El silencio de los corderos”), The Hunt for Red October (“En pos del Octubre Rojo”) y Backdraft.

EL MALETERO

Llevar y traer pesadas valijas todo el día en el verano es un trabajo duro, y más para un muchacho delgado de 14 años. Así era yo en 1940: el maletero más joven y menos desarrollado de la estación de ferrocarriles Pensilvania, en la Ciudad de Nueva York.

A la vuelta de unos días de haber tomado el empleo, me di cuenta de que los demás maleteros cobraban en exceso. Me sentí tentado a imitarlos. Pensé: Al fin y al cabo, todos lo hacen.

Por la noche platiqué con mi padre sobre aquella tentación.

-Tú cumple honradamente con tu trabajo de cada día; para eso te pagan -me dijo mirándome a los ojos-. Si los demás quieren abusar, allá ellos.

Seguí el consejo de mi padre el resto de ese verano, y desde entonces sus palabras me han guiado.

De todos los empleos que he tenido, el que me dejó una huella más profunda fue aquel de la estación ferroviaria. Ahora les inculco a mis jugadores el respeto por los demás, y por sus pertenencias. Ser miembro de un equipo constituye una experiencia totalmente compartida. Si alguien roba, pierde la confianza de los demás y lastima a todos. Yo puedo tolerar muchas cosas, pero jamás el robo.

Ya sea que pertenezcamos a un equipo deportivo o de trabajo, o a una familia, si no confiamos los unos en los otros las cosas irán mal.

Joe Paterno está en su vigésima octava temporada como jefe de entrenadores del equipo de futbol americano de la Universidad. Estatal de Pensilvania. Es actualmente el entrenador activo con mayor número de victorias.

LA ASISTENTE DE BIBLIOTECARIO

Yo tenía ocho años cuando llegué a Estados Unidos con mi madre y mis dos hermanas. Allí nos reunimos con mi padre, que había salido de Taiwán tres años antes en busca de mejores oportunidades para nosotros, y poco después ingresé en la Escuela Pública Número 117 de la Ciudad de Nueva York.

Como no hablaba inglés, copiaba todo Io que se escribía en el pizarrón. Por la noche, cuando mi padre regresaba a casa después de alguno de los tres empleos que tenía, nos sentábamos a repasar las lecciones del día. Cuando cumplí 16 años ya dominaba el inglés, e iba bien en la escuela. Hacia el final del ciclo escolar, mis compañeros empezaron a hablar de sus empleos de verano. Aunque mi padre quería que mis hermanas y yo estudiáramos, le rogué que me dejara buscar trabajo. Finalmente aceptó, y yo tomé el puesto de asistente del bibliotecario en un bufete.

El primer día, mi padre me acompañó a pie hasta la oficina. Antes de despedirse, sonrió y me dijo:

-Da lo mejor de ti misma, y aprende todo lo que puedas.

El empleo resultó estupendo, y le saqué el máximo provecho a la oportunidad. Ya fuera contestando el teléfono o colaborando en una investigación, lo hacía a conciencia y con minuciosidad, y antes de pedir ayuda realizaba yo sola todo lo que podía. Aprendí lo importante que es trabajar duro, demostrar iniciativa, anticiparse a lo que la gente desea, estar siempre alerta y ser observador. Al final, me pidieron que regresara el verano siguiente.

Cuando llegué a Estados Unidos, hace más de 30 años, no sabía nada sobre mi país adoptivo, pero perseveré hasta figurar entre los alumnos más destacados de mi grupo de enseñanza media, y después me gradué en la Escuela Superior Mount Holyoke y en la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad Harvard. Ahora veo cuánta razón tenía mi padre al afirmar: “Tienes la responsabilidad de desarrollar los talentos que Dios te dio”.

Elaine Chao es presidenta de United Way of America. Anteriormente fue directora del Cuerpo de Paz y vicesecretaria de Trasportes de Estados Unidos.

EL CRIADOR DE POLLOS

Empecé a trabajar cuando tenía diez años. Mi padre me dio 50 pollos de su granja avícola y me dijo que iniciara mi propio negocio de venta de huevo. Era una responsabilidad de siete días a la semana, que implicaba alimentar a las gallinas cada mañ.ana, y recoger y clasificar los huevos. También tenía yo que vigilar las provisiones de alimento, para saber cuándo debía comprar el siguiente saco de 45 kilos.

Las aves que me regaló mi papá eran de desecho, pero bajo mi cuidado medraron. Tanto, que al poco tiempo estaban poniendo más que las de mi padre. Ganaba yo un promedio de 12 a 15 dólares mensuales; mucho dinero para la época de la Gran Depresión. Mi éxito se debió en parte a que yo observaba el comportamiento de las aves. Por ejemplo, me di cuenta de que cuantas menos gallinas hay en un gallinero, mejor se desarrollan.

Ese primer trabajo me enseñó la importancia de ahorrar, de presupuestar mis costos y de llevar registros financieros detallados. También descubrí lo mucho que se aprende cuando uno mismo interviene en todos los aspectos del negocio. Y comprobé que trabajar duro es indispensable para tener éxito. Nadie ha llegado a la cima a base de quejas.

Cuando mi padre puso su granja avícola en mis manos, en 1948, el negocio siguió creciendo hasta convertirse en una gran empresa. Sin embargo, todavía aplico mucho de lo que aprendí cuando sólo tenía 50 gallinas.

Frank Perdue es presidente del comité ejecutivo del consejo de administración de Perdue Farms, Inc., cuarta compañía de producción avícola en Estados Unidos, cuyas ventas anuales ascienden a más de 1000 millones de dólares.

EL INFANTE DE MARINA

Crecí en una casita cerca del tiradero de basura de la ciudad. Mis padres me proporcionaban lo necesario para vivir, y no mucho más. Si le pedía a mi padre un pantalón de mezclilla, me decía: “Gánate el dinero y cómpralo tú”. No es que fuera tacaño; sencillamente no le alcanzaba el dinero. Desde los 12 años desempeñé trabajos diversos por la tarde, después de salir de la escuela.

Tras terminar la enseñanza media, me alisté en la Infantería de Marina de Estados Unidos. Pronto aprendí que la vida militar consistía en cumplir misiones diarias; desde limpiar barracas hasta participar en simulacros de batalla. Para alcanzar el éxito se necesitaba disciplina, trabajo en equipo y dedicación.

Me gradué en la Academia Naval, y en 1988 ya era capitán de corbeta. Lo que más me gustaba de mi trabajo eran las sesiones en las que daba consejos a los familiares de los hombres y las mujeres que estaban bajo mis órdenes, para ayudarlos a sobrellevar los largos periodos de separación. Esas sesiones tuvieron mucho éxito, y se corrió la voz. Al Poco tiempo me pidieron que ofreciera pláticas de motivación y sobre liderazgo a grupos de empresarios, de educadores y de jóvenes en todo el país.

Pero considero que mi entrenamiento militar fue mi primer trabajo verdadero, y mi vida todavía se rige por las importantes lecciones que aprendí en él. Adquirí disciplina, conocí la camaradería y experimenté el orgullo de fijarme una misión cada día y trabajar duro para cumplirla.

Montel Williams es animador de un programa de entrevistas por televisión, el cual se trasmite actualmente en 117 ciudades de Estados Unidos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

  • Te ha gustado el artículo?

    Compartelo con tus amigos